Dependiendo de si el peso aparente es negativo, positivo o neutro, tendremos un resultado diferente en términos de flotabilidad.
¿De qué depende el resultado que obtendremos en términos de flotabilidad? ¿Cuenta el buceador con algún tipo de elemento que le ayude controlar su flotabilidad? La respuesta es sí. Existen al menos cuatro elementos que intervienen en el control de la flotabilidad, y a continuación detallaremos el papel que juega cada uno de ellos.
1. En primer lugar hablemos de los pulmones, centrándonos en algunas particularidades que intervienen en el buceo. Se trata de dos órganos que pueden almacenar entre 4 y 6 litros de aire en su interior, son flexibles y con una expansión máxima de aproximadamente un 20 % de su tamaño. Si estos órganos sufrieran una expansión mayor ocurriría un accidente.
En las prácticas de buceo con equipo ligero que se realizan en la piscina, al futuro buceador se le explica que vaciando los pulmones a voluntad y reteniendo la respiración podemos conseguir irnos al fondo de la piscina sin esfuerzo. Esto sucede porque con esta maniobra estamos variando el volumen de los pulmones, lo cual, como demostró Arquímedes, afecta a nuestra flotabilidad.
El control de la flotabilidad utilizando los pulmones es de vital importancia para un buceador. Antes de la existencia del BCD, los buceadores conseguían la flotabilidad neutra con una buena precisión en el lastre y un muy buen control de la respiración, evitando en todo momento realizar apnea.
2. En segundo lugar, el jacket o BCD es, al igual que los pulmones, uno de los dos volúmenes de aire regulables a voluntad con los que cuenta un buceador. El principio enunciado por Arquímedes nos ayudará a entender su función a la hora de controlar la flotabilidad. Cuando un buceador en inmersión infla su BCD, lo que está haciendo es aumentar su volumen, y por tanto, a mayor volumen desplazará mayor cantidad de agua y su flotabilidad irá en aumento.
Lo contrario ocurre cuando el buceador vacía su BCD: al disminuir su volumen su flotabilidad será menor. Es importante tener en cuenta algunas cuestiones relacionadas con el BCD en descenso y en ascenso, dos situaciones en las que vamos a hacer uso de los conocimientos que nos transmitió Arquímedes de forma evidente. Cuando iniciamos el descenso deshinchamos despacio nuestro BCD y con ello disminuimos nuestro volumen para conseguir nuestro objetivo de ir bajando. Al principio de la inmersión siempre vamos sobrelastrados, dado que la botella llena de aire tiene un peso que puede rondar los 4 kilos (dependiendo del material y capacidad de la misma), el cual se reducen con nuestro consumo durante la inmersión.
En el ascenso no inflamos nunca el BCD, e intentaremos ascender impulsados por nuestras aletas. La razón estriba en que si hay algo de aire en el interior del BCD, irá aumentando su volumen conforme vayamos ascendiendo, ya que al ir reduciéndose la presión exterior intervendrá nuestro amigo Boyle.
La expansión del volumen del aire hará que nuestro BCD se infle, lo que podría elevarnos a una velocidad superior a la deseada y generarnos problemas. Hay que tener en cuenta que la respuesta del BCD ante cambios en el volumen del aire que contiene es muy paulatina en el ascenso, y su efecto se nota con cierto retardo. Sin embargo, para el descenso su respuesta es inmediata.
3. El tercer elemento es el traje de neopreno. A mayor grosor del traje, más flotabilidad positiva nos proporciona. Un dato a tener en cuenta es que cuanto mayor es la profundidad a la que bajamos, el neopreno va perdiendo su capacidad de generar esta flotabilidad positiva debido a su aplastamiento por el aumento de la presión.
4. El lastre es fundamental para contrarrestar la flotabilidad positiva del buceador. Afinar tu destreza en el uso de estos cuatro elementos descritos te ayudará conseguir un buen control de la flotabilidad. Esto evita problemas de sobresfuerzo o tener un consumo de aire excesivo. También ayuda a no tocar los fondos o paredes del medio acuático. Si alcanzas la flotabilidad neutra te acercará a experimentar el sueño de Ícaro como si fuera real.
DATO
Existen dos cosas que flotan: la grasa corporal y el miedo. Para la práctica del buceo no se requiere ser un gran deportista, pero tener un buen tono muscular facilita el control de la flotabilidad. El miedo o los nervios, lógicos al inicio, dado que son muchas las cosas que hay que recordar y confiar que nada falle, hará que respiremos más intensamente incrementando así nuestra flotabilidad positiva y la acumulación de estrés. Recordad siempre que del estrés al pánico hay solo un paso.


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