Aunque muchos lo desconozcan, el agua presionando sobre nuestro tímpano puede tener graves consecuencias.

El sonido en el agua se transmite cuatro veces más rápido que en el aire (1500 m/s frente a los 340 m/s en el aire). Esto es importante y a la vez complejo para nosotros cuando estamos buceando, dado que cualquier sonido nos parecerá más próximo y sin ubicación aparente.

La función de nuestro oído es transmitir los sonidos al cerebro, y su anatomía es muy compleja y sofisticada. Consta de tres partes principales: oído externo, oído medio y oído interno. Se puede describir del siguiente modo: tenemos que, tras el oído externo (oreja), un corto conducto nos lleva a una membrana de tejido muy frágil que nos aísla el interior del oído y que marca el inicio del oído medio. Se llama tímpano y merece una mención especial en la práctica del buceo.

Por su fragilidad es la parte de nuestro cuerpo más sensible a los efectos de la presión, es elástico y totalmente impermeable. Es importante que su elasticidad se mantenga, ya que es la responsable de que las vibraciones se transmitan al oído medio, a través de una cadena de huesecillos que las conducen hasta el oído interno. Finalmente, a través de la ventana oval, el nervio auditivo envía la señal a nuestro cerebro donde es interpretada.

Al iniciar la inmersión es necesario tener en cuenta que la presión aumenta. Recordad que a 10 metros ya tenemos el doble de presión que en superficie actuando también sobre el tímpano. Pero, ¿cómo es posible que una membrana tan sensible pueda soportar tal incremento de presión? Compensando o equilibrando, poco a poco, la diferencia de presiones a ambos lados del tímpano, entre el oído medio y el mundo exterior.

Para ello tenemos la trompa de Eustaquio, cuya misión es precisamente esta. Esta parte del oído se encarga de comunicar el oído medio con la nasofaringe, que se encuentra en la parte superior trasera de la garganta, detrás de la nariz. Está formada por dos tubos cuyos extremos en la garganta se abren al tragar, para igualar las presiones del aire entre oído medio y el exterior y para renovar el aire en el oído (también para drenar secreciones).

La diferencia de presiones en el descenso puede llegar a aumentar tan rápido que no seamos capaces de igualarla espontáneamente, en cuyo caso es necesario inducir la compensación de forma voluntaria. Existen dos formas de compensar que son las más comunes: la operación de tragado de saliva de forma enérgica y la maniobra de Valsalva. Ambas facilitarán la apertura de la trompa de Eustaquio, produciéndose así la compensación de la presión.

La forma de compensar más utilizada, sobre todo entre los que se inician en el buceo, es la maniobra de Valsalva, mientras que algunos buceadores, generalmente experimentados, logran compensar realizando únicamente la acción de tragado. ¿Cuándo debo empezar a compensar voluntariamente? Y, ¿cómo se lleva a cabo la maniobra de Valsalva? Lo ideal es compensar desde el momento preciso en que iniciamos el descenso, sin esperar a notar ninguna sensación en nuestro oído.

La maniobra de Valsalva es una práctica un tanto agresiva, y se recomienda no hacerla en superficie. Consiste en taparse la nariz con los dedos, presionando a través de la máscara e insuflar aire en el interior de la boca, con cuidado, para que ese aire pase a través de la trompa de Eustaquio y comunique con el oído medio. De este modo se equilibran las distintas presiones. Esto sucede porque a través de los conductos de la trompa de Eustaquio pasará el aire respirado a la presión a la que se encuentre el buceador y por ello se compensarán las dos presiones, la del exterior ––que será la misma que soporta el buceador–– y la del oído medio. Esto ocurrirá siempre y cuando dichos conductos estén despejados. Hacer el descenso de forma pausada nos permitirá controlar correctamente los oídos mediante la maniobra de Valsalva, de modo que evitemos cualquier molestia incómoda.

Si aparecen molestias, son síntoma de que no se ha logrado compensar bien, y para evitar accidentes nunca podemos dejar que estas se conviertan en dolor. Si a pesar de ascender seguimos sin poder compensar habrá que abortar la inmersión. Puede suceder porque a causa de un resfriado o cualquier otro problema otorrinológico la permeabilidad de la trompa de Eustaquio no sea buena y quede obstruida, impidiendo el paso del aire. Un grado de mucosidad ínfimo te puede impedir realizar la inmersión.